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  • Alvaro García Ordoñez

Gotas de historia: la terquedad visual.

Updated: Jun 11


DULCE COMPAÑIA: Vistazo Crítico a la obra de Álvaro García Ordoñez.


Esta historia fue escrita por el pintor y escultor Alvaro García Ordoñez.

No tenía una cita, solo pasaba cerca de Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y la inercia me llevó al Museo de Arte, un lugar atiborrado de descubrimientos de mundos y culturas. Allí estaba sentado en su gran escritorio de director del Museo, mi amigo y compañero de estudio de artes Ricardo Arcos Palma.


Salimos a caminar por la calle 45 y nos sentamos en una cafetería con mesas afuera y vista al panorama de la calle 45, donde pedimos té especial, ese que lleva yerbabuena y pedazos de frutas.


El habló de su llegada a Bogotá junto con su familia desde el departamento de Nariño al sur del pais, de la mano de su papá a quien le habian propuesto un trabajo en Bogotá, que les cambió el engranaje del mundo en que habían nacido. Y habló de su viaje a Europa, sus estudios en Francia, su regreso a Colombia, su trabajo como professor de investigaciones estéticas de la Nacional.


En los intervalos de su historia yo intervenía con mis recuerdos que se fueron convirtiendo en reflexiones, a partir de los aportes de Ricardo desde el discurso de Walter Benjamin, por que Ricardo lo enriquece a uno aplicando las frases y las miradas de los intelectuales y escritores que han influenciado la vida.


Al contar del lugar, de la geografía, del contexto, de la cultura de donde yo salí, en donde nací, surgió el proyecto “Dulce Compañía”, dulce por la panela, compañía por que un arma era la primera cosa que se compraba un joven realmente incertado en la cultura de la guerra en mi pequeño pueblo: La Peña, Cundinamarca.


Pero también por la oración de la religión católica referida al Divino Niño: “ Dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…”. Para esta fuerza poderosa hay un altar de iglesia en el barrio 20 de Julio en Bogotá, a donde acuden a ofrendar sobre favores recibidos y a pedir ayuda desde dignatarios hasta limosneros.

La panela en Colombia es un producto alimenticio y a la vez sanador, pues cura las heridas, cicatriza sin dejar huellas de agresión alguna, y es ademas vitalizante poderoso utilizado en especial por nuestros héroes ciclistas.


Hubo que pedir mas té especial y algo de pan con galletas, para seguir en la brega de las reflexiones, algo así como don Aristóteles y sus amigos filósofos y escuchas, cuando comían uvas y frutas todo el día, y luego vomitaban en unas pilas especiales para seguir hablando y reflexionando. Claro que nosotros no nos purgamos.


Mi pueblo La Peña, en mi época tenía dos calles y media: la de arriba, la de abajo y la media era la de los tramposos. Allá no lo dejaban ir a uno, era un lugar prohibido; según investigaciones en esta calle se refugiaban los malosos y los matones así como tambien los ladrones, muy bien identificados.


Ahora el pueblo ha crecido a pesar de la cruda violencia que vivió, pero de la que aún hay rencillas y la genética de la guerra. A la aparición de los Españoles, era zona de los indígenas Colimas y Panches. Los primeros según traducción de los cronistas de Indias significa “guerrero sanguinario”, por lo cual los Muiscas, que habitaban la sabana de Bogotá, les tenian un cordón de protección con los mejores hombres para la guerra.


Al siguiente té, compareció la historia referida al análisis que degenera la guerra, el dolor que queda, como la pega agarrada al fondo de una taza de café o de té, que se deja sin limpiar por mucho tiempo.


Entonces Ricardo suelta una frase de Bejamin de memoria “si no mato, no instauraré nunca el reino de la justicia”, así piensan quienes asumen la justicia por sus manos, y me empieza a hacer un análisis de los símbolos que se ha movido en la conversacion.

Y surge el proyecto “Dulce Compañía”, unas armas hechas en panela. Hacerlas fue todo un acontecimiento, pues no podía llegar a cualquier casa-enramada en mi pueblo a hacerlas, entonces ubiqué a mis familiares, y di con Pablo Ordoñez, primo de mi mamá, y Teresa García, sobrina de mi papá, a quienes conté el cuento, clarito, con sus objetivos y todo.

Dijeron que si, aún sin entender muy bien eso de hacer armas, pero en la medida en que fueron tocando el símbolo contaron que les dio escalofrio, y se vieron impregnados en el símbolo. La construccion de las armas fue liderada por Lucy Ordoñez García, familia por punta y punta, y además una mujer lider de la vereda Lagunas, presidente de la Junta de Acción Communal, quien con sus pocos estudios propone, planea y mueve a sus mujeres y a su gente para realizar acciones benéficas para su comunidad.


Las armas fueron supervisadas por el mismo primo Pablo, quien se involucró cada vez mas al agregarle sabores de frutas a cada pistola o arma que hacíamos, durante varias moliendas de panela. La molienda es un trabajo colectivo en el que participan unas 12 personas cada una especializada en cada paso, y quienes al final de la tarea que es siempre los sábados en la entrada o salida oriental del pueblo, se encuentran para ir a misa y luego gastarse las ganancias en cerveza acompañados de música ranchera.


Llegar a Bogotá para los dos fue un acontecimiento que en verdad nos cambió la vida: la Universidad nos abrió los otros mundos en Colombia: comunidades negras, más de 67 culturas indígenas con sus propias lenguas, las distintas culturas de los Andes, tener compañeros de estudio de otros pueblos y pueblitos de todo el país, estudiar con personas de otros países, en fin compartir con otros compañeros y compañeras de estudio que se iban perfilando en sus especialidades.


Ricardo en la Filosofia, con estudios en la Universidad de la Sorbona en Francia, Julio en el cine, (ganador de premios en España y su última película “el Almuerzo” se mostrara en proximas semanas en New York, Mabel Psicologa especializada en Etnolinguistica, y actual profesora de la Universidad del Cauca, ganadora de premios por sus investigaciones, Jacanamijoy el famoso pintor del Amazonas, Orlando Salgado, quien con sus fotografías inventadas ha recorrido más de un mar, y así una lista de personas que han logrado colmar sus objetivos y adjudicarle al pais conocimiento, empuje, valor y premios.


Otro té fue para compatir la experiencia fuera del país, mi primer premio en Suecia, y las becas e invitaciones que siguieron desde Alemania por otros paises europeos, hasta la experinecia de haber aparecido en los Estados Unidos, todo por culpa de mis propuestas en el arte enfocadas a trabajarlas con un medio natural, como es el agua.


Habrá otro té, hecho de las armas en panela para ser bebidos con los grupos armados en conflicto y con sus propias víctimas, el té para tomar en Estados Unidos con comunidades envueltas en violencia, para tomar en Alemania para reflexionar sobre extremos, para beber en Holanda o Suecia para atajar y espantar el frio.



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AGORHA

Alvaro Garcia Ordonez

New York, primavera 2020

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